ISBN: 9789875002203

Formato: 256 págs. 15,5 x 23 cm.

Fecha Publicación: Marzo 2017

Precio: $ 290,00 (U$S 20,71)

Titulares, hashtags y videojuegos

La comunicación en la era digital

Posperiodismo, una respuesta para un tiempo de posverdad

Silvio Waisbord, Perfil, 01/04/2017

En el libro Titulares, hashtags y videojuegos: la comunicación en la era digital, lanzado esta semana, el autor propone una mirada crítica sobre el trabajo de los comunicadores en las redes.

Es importante reflexionar sobre qué periodismo es necesario y posible sobre la base de una comprensión de desafíos contemporáneos. Continuar la contraposición entre periodismo ciudadanos/participativos y periodismo tradicional difícilmente sea resuelto o produzca innovaciones analíticas. Cualquier modelo de periodismo está necesariamente anclado en un diagnóstico de las necesidades de la vida pública en momentos particulares. No hay una visión del periodismo como institución para el bien común despojada de perspectivas amplias sobre democracia.

Autonomía. ¿Cuáles serían hoy esas necesidades que requieren un periodismo con cierta autonomía frente a actores externos e inspirados en los ideales del bien público?
Sigue siendo necesaria la producción de información original sobre temas de relevancia pública. En el inacabable mundo digital abunda la opinión, pero no necesariamente la información original sobre hechos relevantes que afectan la vida pública. La opinión, la información sensacionalista y sobre temas triviales y despojados de significados sobre la vida pública atraen cantidades de públicos diariamente. No hay grandes incentivos para producir contenidos vinculados a la investigación del poder, el escrutinio de las acciones de los gobiernos y corporaciones, o sobre la vida de comunidades socialmente marginalizadas. Si bien estos temas son objetos de organizaciones especializadas y blogueros, no es claro que existan otras instituciones que reemplacen al periodismo o que el vasto conglomerado del “periodismo ciudadano” efectivamente se haya convertido en alternativa frente al diezmado periodismo de redacciones. La cacofonía de los medios sociales, los blogueros, los buscadores en internet y miles de sitios que producen información y opinión regularmente suplementan más que reemplazan al periodismo. De hecho hay una relación continua de enlaces múltiples entre el viejo periodismo y las nuevas formas de producir/circular información y conversaciones. No hay relación de suma cero, sino complejas redes de contenidos que incluyen al periodismo tradicional. Otra urgencia es la búsqueda de información y espacios que conecten la diversidad de públicos y convicciones existentes. Hoy asistimos a la consolidación de burbujas comunicacionales y cámaras de eco con escaso interés en cotejar con ideas diferentes o conocer mundos distintos. Parecería que la comunicación de identidad de grupos relativamente homogéneos es preferida sobre la comunicación en diferencia. Esto es consecuencia de la conjunción de varios procesos simultáneos: intereses políticos-ideológicos de la ciudadanía, desigualdades socioeconómicas, y la lógica de plataformas sociales que alimenta dietas informativas personalizadas. Aquí se pierden espacios de comunicación e información comunes que atraigan la atención de diferentes poblaciones y se exacerban dinámicas de polarización de opinión y barrios comunicacionales cerrados.
Esto preocupa en tanto la democracia precisa espacios comunicativos de unidad y diferencia. No queda claro, ni hay recetas fáciles, sobre cómo resolver este problema. Imaginar la posibilidad de un periodismo “público” –que conecte públicos diferentes y sirva para cotejar ideas y no simplemente cemente divisiones– es necesario.

Periodismos necesarios. Otro agujero es la pobre cobertura de temas que no entran en los cálculos de los periodismos existentes debido a diferentes factores: económicos, políticos, ideológicos y preferencias de los lectores. Si la noticia está exclusivamente anclada en esos factores, hay temas que no atraen la misma atención en tanto afectan intereses, demandan más esfuerzos y recursos para ser cubiertos, contradicen las expectativas de los públicos, o no encajan finamente en las perspectivas editoriales. Lo importante es pensar qué tipos de periodismos son necesarios pero no son apoyados, por diferentes razones, en un escenario comunicacional superpoblado de expresión y opinión.
Si bien la crítica del profesionalismo es importante, es necesario reivindicar principios de un periodismo interesado en bienes públicos, especialmente frente a tendencias comerciales, políticas y preferencias públicas por un periodismo de “identidad” –que confirma, jamás cuestiona, aquello que sus públicos piensan–.

La desintermediación de la información. Cualquier tipo de periodismo deseable y posible debe ser repensado considerando la posición del periodismo contemporáneo en el proceso de desintermediación de la información.
Cualquier innovación periodística u oferta existente es una más en el vasto y fragmentado universo informativo. Aquí radica la verdadera crisis del periodismo contemporáneo: funciona en ecologías informativas sustancialmente diferentes de los “sistemas” de información y comunicación que caracterizaron la comunicación de masas durante el siglo pasado. Estos últimos tenían claros componentes (políticas, estructuras, organizaciones) y límites medianamente definidos –dónde comenzaban y dónde terminaban–. En cambio, la ecología informativa actual tiene múltiples puntos de acceso y circulación, y fronteras lábiles.

Globalidad. Los “sistemas nacionales” de noticias e información se han desdibujado y superpoblado en medio de la masificación de internet y la globalización de contenidos. Como sugiere Nick Couldry, debemos acostumbrarnos a que la democracia ya no tiene una institución única en lo alto de la pirámide informativa. No hay estructura jerárquica ni sistema definido y permanente de medios, sino un progresivo aplanamiento de redes de comunicación sin límites determinados y en permanente dinamismo. Lo que está en crisis es el rol cuasimonopólico, determinante de filtrador de noticias que tuviera el periodismo. Tener una posición similar no es posible en un mundo de abundante información y múltiples entradas y salidas en la ecología comunicacional.
La ruptura de monopolios informativos por la Red 2.0 derriba al periodismo de su posición como narrador supremo y árbitro de las noticias, reemplazado por caóticos y múltiples flujos de información, noticias, rumores, opiniones, y fotos de gatos. Lo que cambió es el entorno informativo y comunicacional del que el periodismo es parte como así también los hábitos de (re)producción de información de la ciudadanía. De haber tenido un lugar claro y privilegiado en la división social del trabajo informativo, el periodismo ha pasado a ocupar un lugar indeterminado en la ecología comunicacional actual. Esto no implica que funciones tradicionales del periodismo no sean importantes o hayan sido totalmente reemplazadas por el inmenso universo de periodismos ciudadanos y el caudal de información que circula por la red.
Es difícil, sino imposible, determinar este cambio, justamente por la diversidad de experiencias y escenarios. Es factible que en determinadas situaciones el periodismo conserve un rol dominante en tanto determinar agendas informativas y prioridades públicas pero que en otras situaciones cumpla un rol diferente y menor, cuando otros actores cumplan papeles preponderantes.
La desintermediación de la información no implica el eclipse inevitable absoluto o la reclusión en espacios limitados del periodismo. Persisten enormes desigualdades en la capacidad, alcance y presencia que diferentes actores tienen para producir noticias de forma regular y atraer atención significativa del público. El periodismo tradicional aún comanda enormes preferencias de lectores y marcas periodísticas conservan poder y llegada se consideran, por ejemplo, índices de popularidad de noticias por país o cantidad de seguidores en Twitter.
Tienen ventajas que no tienen otros actores: capacidad para producir y curar información regularmente, y reconocimiento que provee atajos informativos para navegar complejas y fragmentadas ecologías informacionales.
Por lo tanto, es equivocado descartar o menospreciar la importancia del periodismo como institución social especialmente dedicada a la producción de información y la canalización de comunicación. De ahí que debamos pensar si hay otras instituciones o circuitos/flujos que cumplan funciones similares –proveer información sobre temas relevantes para la vida democrática, la investigación de abusos de poder, y la exposición de realidades y vidas desconocidas o deliberadamente ignoradas por el poder y/o la ciudadanía–.
En esto, obviamente, el periodismo está inmerso en redes de comunicación e información que exceden sus fronteras. En conclusión, el periodismo atraviesa diferentes crisis que ocurren simultáneamente con diferentes manifestaciones y matices alrededor del mundo. Analizar las múltiples dimensiones de la crisis con un pincel fino es necesario para no caer en conclusiones categóricas y superficiales que no dan debida cuenta de las diferentes condiciones del periodismo contemporáneo.

Fuente: www.perfil.com/elobservador/posperiodismo-una-respuesta-para-un-tiempo-de-posverdad.phtml

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